Aprovechando los buenos días de sol y viento que nos están acompañando, hace unos días el amigo Ángel-Mojarra y yo decidimos cuadrarnos una salida orillera a spining y dejar los kayaks para otro día.
Teníamos ganas de probar en una playa a la cual tenemos intención de volver con los kayaks pero que antes queríamos sopesar tentando a pie. Aparte diversas obligaciones y falta de tiempo nos hizo desistir del kayak y directamente vernos a pie para hacer una jornada algo más contenida de tiempo y sobre todo chismes.

Así que prestos a probar en un nuevo sitio, con un viento constante moderado pero que parecía no incordiar a la rompiente pues esta permanecía con un oleaje justo y muy corto, excelente visión para cualquier pescador de spining orillero.
La estrategia simple, haríamos uso de jigs de poco gramaje de hasta unos 40 gramos para lanzar bien lejos los aparejos de pepones que eran los señuelos a los que realmente estábamos apostando y que a la postre fueron los verdaderos protagonistas de la jornada como teníamos previsto.

En los primeros lances poco movimiento, nulo, a pesar de que veíamos un grupo de charranes que no dejaban de patrullar un tramo muy concreto de playa, justo donde estábamos lanzando nuestros aparejos. Sería cuestión de esperar y de que los pequeños pececillos se dispersaran y los depredadores no tuvieran más remedio que engullir nuestros engaños.
Con todo eso, el amigo Ángel obtuvo la primera captura, que a pesar de ser pequeña fue realmente sorprendente. Se trataba de un rodaballo que había entrado al jig. Sorpresa mayúscula, por lo peculiar de la captura y por lo bonito y curioso que es este pez.

Este rodaballo fue el pistoletazo de salida para que las picadas se fuesen sucediendo, en algunos momentos con especial frenesí. Los pajaros que antes se tiraban aquí y allá se fueron concentrando en puntos muy concretos de la zona donde estábamos lanzando, y los lances a esas pajareras fueron dando sus frutos. Los primeros fueron unos preciosos jureles que no dudaron ni un segundo en dar buena cuenta de los pepones.


Acto seguido las bailas fueron apareciendo, aunque de escaso porte la diversión que brindaban era más que patente, más aún cuando en su totalidad alcanzamos más de una treintena de capturas que se fueron sucediendo durante toda la jornada, y todas devueltas al agua. Y para más inri, gracias a los pepones las capturas se duplicaban e incluso se triplicaban en algunas ocasiones.




Los pepones de brillos translúcidos y negros fueron de los más provechosos de la jornada, amén del color blanco que nunca falla.



Finalmente, y teniendo en cuenta el camino que nos esperaba de vuelta y las horas de sol acumuladas, decidimos concluir la jornada tras unos últimos lances muy provechosos en el que obtuvimos dos buenas bailas que a la postre serían las únicas piezas que nos llevaríamos a casa para deleitar con la familia y rememorar en la mesa esta magnífica jornada de pesca a spining con los pepones Kurrican.













